Pese a la diversidad de definiciones que se desprenden de cada teoría del aprendizaje, hay acuerdo en considerar el aprendizaje como un proceso por el cuál nos adaptamos, nos modificamos y adquirimos competencias. Es un proceso mediante en el que una persona que no sabe se transforma en una persona que sabe. Es una definción aceptada mayoritariamente.
Por otro lado, desde un enfoque cualitativamente diferente, y aún minoritario en los ambientes educativos se encuentra la visión profunda de Claudio Naranjo. Psiquiatra eminente de origen chileno, “psicopatólogo de la sociedad”, humanista, que ha trascendido su país, ofreciéndonos sus aportaciones en clave psicológica del Eneagrama (sistema de personalidad) y en la educación como herramienta para la transformación personal y así también del mundo.

En este pequeño artículo, basado en en el visionado de diversos vídeos, pretendo dar una visión general de lo que es la educación según Claudio Naranjo, que invite a la reflexión y a la crítica constructiva de nuestra realidad educativa.

Para Naranjo, el cambio en la educación no pasa por un cambio del sistema educativo, sino por un cambio de los educadores. Transformar, de alguna manera, curar a los educadores, para que puedan contactar consigo mismos. Para que desde ellos, se desarrollle una educación integral, holística, que enseñe un “Aprender a ser”. Una educación de las emociones, del corazón.

En la actualidad, la educación es una transmisión de información (y cuánta más, mejor) de forma forzada, despótica. Hay que aprender bajo amenaza, bajo presión, “debes hacer esto, de lo contrario no tendrás trabajo”, etc. En las escuelas se aprende a hacer exámenes, no a vivir. Para Claudio Naranjo, llamar educación a ésto constituye un FRAUDE. La crisis de la educación, en parte es debida a que los alumnos no quieren aprender, por sentirse forzados a elllo. Así se debería potenciar el aprendizaje natural, la curiosidad.

Así, en este modelo de educación, educación para la virtud, Naranjo postula que la raiz de la virtud es la salud amorosa, entendiendo por ésta la integración de los tres tipos de amor: - el amor al prójimo, que ve al otro como un yo,
- el amor erótico, eros, cuyo centro es el placer,
- y el amor a lo divino, no necesariamente a un Dios, sino el amor a los valores, al bien, a la belleza.

También hace referencia al miedo a la libertad que impera en la sociedad. Así, la educación, no sólo estaría la servicio de la socialización, sino del cambio de la propia conciencia personal, actuando como liberadora, emancipadora. De la misma manera, que el proceso terapéutico, cuando funciona, nos libera de nuestros lastres y hace que podamos ser más libres.